

Está claro y es inevitable, el sexo pasional con putas de lujo de Madrid, conlleva sistemáticamente a una serie de daños colaterales que lo sufren algunas prendas que llevan puesta en los preliminares de un encuentro.
¿ O es que a nadie le ha ocurrido nunca un accidente destrozando algo que llevaba puesto? En ese momento parece que todo da igual, pero puede llevarnos a situaciones embarazosas.
El primer lugar, los botones. Tanto de las camisas de ellos como las blusas de ellas, o vestidos, chaquetas, incluso faldas. Aunque también tenemos que contar que en el inevitable momento que una escort quita los pantalones casi a mordiscos a un hombre, alguno que otro cierre termina roto. Pero es que ellas saben que a ellos les apasiona que les quiten la ropa.
El cine ha tenido gran culpa, las escenas tórridas donde él se quita la camisa como Camarón de la Isla, o destroza la blusa de ella, no es desde luego algo ajeno a las películas más convencionales, pero si a eso le sumamos la torpeza masculina, pues el resultado son roturas y roturas.
Ellas, las escorts de Madrid son las que más las sufren estos actos. Todo un presupuesto mensual en medias, ya que al más mínimo toque con las manos de su amante, carrera a la vista. Y no hay más que llevar un repuesto en el bolso que a veces ni sirve para terminar el día.
Le siguen los sujetadores. Con lo sencillo que es hacer un clic y dejarlos caer, pero no, se empechan en hacerlo ellos y otro cierre más que se rompe.
Si ya por lo general la lencería femenina es delicada, no queremos ni pensar que pueden hacer las manos de un hombre de los que piensan que a las escorts les encanta que las desnuden de manera tan brusca.
Puede tener un punto erótico mantener relaciones sexuales con alguna prenda puesta, pero será víctima con toda seguridad.
Las faldas y vestidos ceñidos tampoco están nunca a salvo, y es por la misma causa, ese brío con el que ellos comienzan a veces el juego sexual dejando de lado preliminares más delicados.
Pendientes, collares, pulseras o relojes también son los clásicos complementos que más vale quitárselos antes, ya que no es difícil que se engañen entre la ropa o el pelo de ellos, o sean víctimas del furor sexual.
En todo este tipo de actos parecen querer demostrar su hombría, ensalzar su propio ego, y lo más triste, tener una especie de derecho a romper algo que consideran que está dentro de la tarifa de la escort.
Si bien son los daños colaterales de un encuentro pasional, no por ello se debe uno comportar como elefante en cacharrería, y para poner de manifiesto su masculinidad no es necesario ser tan brusco. A todas las mujeres no les gustan los “machitos” que van al grano sin ni siquiera disfrutar de los tan importantes prolegómenos.
Carla Mila